AMOR BAJO LAS OLAS Capítulo 4

Capítulo 4

 

Sofía no se avergonzaba de tener un hijo, al contrario, era la alegría de su vida, era lo que daba calor a sus días. Nunca se había arrepentido de tomar la decisión de tener al bebe. Todo era muy complicado, tenía que trabajar mucho para que los dos pudieran salir adelante, pero nunca se arrepentiría.

Gracias a esa decisión no había vuelto a su casa, su padre no lo aprobaba, desde el momento que le dijo que estaba esperando un hijo que él no se había interesado por ella, como si no existiera. Eso le había desgarrado el alma; antes, ella y su padre se llevaban a las mil maravillas.

Su madre, en cambio, pasaba temporadas con ella y el niño, le encantaba cuidar del bebe. Lo quería muchísimo. Cuando le había dicho que su canguro se iba de vacaciones, la mujer no lo dudó ni un segundo. Tomó el primer avión y se presentó en el pueblo a la mañana siguiente. Su madre le contaba que su padre se había arrepentido muchas veces de la discusión que tuvieron cuando ella le dijo que pensaba tener el niño, pero que era demasiado orgulloso para presentarse en la puerta de su hija para pedirle disculpas. Prueba de ello era que tenía una fotografía del niño en la mesita de noche, y que muchas veces lo había sorprendido mirándola embobado, como si ansiara tenerlo con él.

Por eso cuando su mujer le decía que se iba a pasar unos días con su hija y su nieto, él no ponía ningún inconveniente. ¿Llegaría el día en que él mismo iría a conocer a su nieto?

 

Al cabo de cuatro días a Sofía le dieron el alta. Esa misma tarde cuando Raúl llegó a puerto se fue a la clínica, como hacía todos los días, y le dijeron que ella se había ido a casa. Llamó a su amigo Felipe que aún debía estar en el “Afrodita” para que le diera la dirección de su casa.

Llamó al timbre y le abrió la madre de Sofía.

—¡Que sorpresa volver a verte! Pasa… pasa.

Lo precedió hacia una habitación donde estaba Sofía tendida en la cama dando el biberón a su hijo. Se paró en el vano de la puerta observando la tierna imagen, mientras el pequeño comía ella no paraba de hablarle en voz sedosa, tranquilizadora. Puesto que tenía un brazo inmovilizado se le hacía difícil, pero se las apañaba.

Sofía levantó la vista y lo vio a él allí mirándola, le sonrió.

—Acércate, no muerde.

Raúl fue hacia ellos y se sentó al borde de la cama. El niño era precioso, estaba regordete, tenía unos brillantes rizos rubios y unos ojos dulces como los de su madre, mientras comía, hacía unos ruiditos encantadores, y no paraba de mover sus rellenitas piernas, mientras que con las manos se agarraba al biberón con fuerza. Él acarició con el torso de los dedos sus piernas, al niño le gustó y las movió con más ímpetu.

—Le encanta que lo acaricien, lo estoy malcriando a conciencia. —Sofía sonreía.

Raúl se dio cuenta que ella estaba más relajada y feliz que en los días anteriores.

—Le has echado de menos ¿no?

—¡No te imaginas cuanto!

El niño terminó de comer, ella necesitaba cambiar de postura, estaba apoyada contra el lado herido, y el dolor empezaba a ser intolerable.

—¿Quieres cogerlo? Necesita eructar, sino le cogerá dolor de tripa. —Él la miró un segundo, nunca había tratado con bebes. Se dio cuenta que ella estaba en una mala posición y no quería pedirle ayuda por simple obstinación. Se lo iba a poner un poco más difícil.

—No sé si seré capaz.

La abuela del pequeño acudía en su ayuda cuando él le hizo un gesto con la cabeza.

—Claro que… —Sofía hizo una mueca cuando el pequeño le golpeó la herida con sus inquietas manos.

Raúl cogió el niño con mucha destreza antes de que la golpeara otra vez, lo abrazó contra su pecho y le daba palmaditas en la espalda.

—¿Por qué eres incapaz de pedir ayuda? —dijo mientras ella se recostaba con cuidado contra el otro brazo.

Sofía se lo quedó mirando, ¿qué quería que le respondiera? Que hacía meses que se las apañaba sola, que no necesitaba a nadie. El eructo de su hijo la salvó de tener que responder. Raúl se lo quedó mirando y luego estalló en carcajadas.

Concha, la madre de Sofía, los estaba observando, era evidente que aquel hombre sentía algo por su hija, pero ella era demasiado cabezota para darse cuenta. Ella ansiaba que su hija encontrara a alguien con quien compartir sus desvelos, sus alegrías y sus penas. Era una casamentera consumada, así que decidió darles un pequeño empujón. Si salía bien, perfecto, sino…

—Cariño me ha llamado tu vecina Dolores para que la acompañara a hacer unas compras, ahora que está Raúl aquí aprovechare para ir. —Sofía la miró con los ojos entrecerrados, sabía que no era verdad—. Si se hace demasiado tarde, cenar, lo he dejado todo preparado en la cocina.

¿Qué pretendía su madre? pensó Sofía. ¡Quería emparejarla con Raúl! Le resultó evidente, conociéndola como la conocía.

—¡Mama! —exclamó.

Concha ya estaba marchándose.

—Si necesitas algo, no dudo de que Raúl te ayudara encantado.

—Como no.

Él también se había dado cuenta del ardid de aquella mujer. Sonrió.

La velada fue muy agradable, él no dejó que ella se levantara de la cama, se ocupó de ella y del bebe. Le contó lo bien que les iba con la expedición, como el accidente de ella había logrado que los muchachos fueran más responsables.

Cuando llegó la hora de cenar, él se ocupó de todo, la ayudó a comer, su madre había dejado preparado gazpacho y un estofado ligero de verduras con pescado, comieron fruta y después Raúl se sirvió una copa de coñac mientras le contaba de su vida. Con ella era muy fácil hablar, se podía pasar horas enteras conversando con ella.

—Me va a ir muy bien practicar con tu hijo. —Ella lo miró sin comprender—. Muy pronto voy a ser tío, mi hermano no ha venido este año, porque su mujer está a punto de salir de cuentas. Me hace mucha ilusión, igual que a Javier, está más nervioso que su mujer… —Soltó una carcajada—. Ella incluso me dijo que me lo trajera, porque la está sacando de quicio con sus insistentes cuidados. No la deja ni a sol ni a sombra, esta las veinticuatro horas del día pendiente de ella. —¿Recuerdas a Javier? El año pasado estuvo aquí, él se quedó cuando yo tuve que irme.

—Sí —respondió ella secamente.

Raúl vio una extraña expresión en el bello rostro de Sofía.

—¿Te sientes bien?

— Sí… Debe quererla mucho. —Sofía no pudo evitar un tono sarcástico en su voz.

Él lo notó, pero pensó que se debía a su propio y solitario embarazo.

—Sí, si lo hubieras visto el día de la boda…

Si seguían con ese tema, Sofía no tardaría en vomitar lo que había comido.

—¿Te gusta el baloncesto? —Él arqueó una ceja, por la inesperada pregunta—. Dan un partido por la televisión esta noche.

A Raúl no se le pasó por alto que ella no quería seguir hablando de su hermano. ¡Qué extraño! Él habría jurado que el año anterior ellos dos se llevaban muy bien.

—Sí, me gusta.

—Pon la tele, deben estar a punto de empezar. —Puso el televisor y volvió a sentarse—. Si te sientas aquí, —dijo ella palmeando el lado de la cama—. Estarás más cómodo.

—¿Me estas invitando a tu cama? —bromeó él.

A Sofía se le pusieron las mejillas de un intenso color rosado.

—Claro que no, solo pensé… —A Raúl se le escapaba la risa—. Oh… eres imposible.

—Si ser imposible es que me encanta bromear contigo, pues sí lo soy —afirmó mientras se quitaba los zapatos y se sentaba al otro lado de la cama con los pies extendidos, luego bajo la voz y en un tono muy seductor le dijo—. Y me encanta cuando te ruborizas de esa manera.

Aquello no merecía comentario.

El partido había empezado y muy pronto estuvieron los dos inmersos en el juego, comentaban algunas jugadas. Al poco rato, Raúl se dio cuenta que Sofía se estaba quedando dormida, bajó el volumen del televisor, y el partido quedó olvidado, no se cansaba de mirarla, con cuidado la atrajo hacia él y le pasó un brazo por encima de los hombros, de manera que descansara apoyada en su pecho. No pudo evitar besarle en la frente, ella aún no estaba dormida del todo y se dio cuenta, levantó el rostro hacia él y su mirada seductora lo atrapó. Esos aterciopelados ojos soñolientos lo cautivaron por completo. Ahuecó a mano en la nuca de Sofía y poco a poco fue bajando la cabeza, acercando sus labios a la boca húmeda e incitante. Le daba tiempo para que lo parara si lo deseaba, pero ella no hizo ningún movimiento, sus labios se tocaron suavemente, fue cautivador, la boca de Raúl se movía sobre aquellos labios con tanta ternura que ella fue recorrida por un agradable estremecimiento, él lo notó y aumentó la presión que ejercía sobre los labios de la mujer. Fue como si una corriente eléctrica los traspasara, se separaron mirándose a los ojos, tratando de controlar lo ingobernable, fue inútil, sus bocas volvieron a fundirse en un dulce beso, la lengua de Raúl se abrió paso entre los labios carnosos de Sofía y fue acariciando la calidez de aquella boca, a ella se le escapó un suspiro y se unió a él en un beso embriagador, lenguas danzando al son de una música que solo ellos podían oír. La gran mano de Raúl se movía con suavidad en la nuca de Sofía, acariciando y enrollando los suaves cabellos en sus largos dedos. El tiempo se detuvo, el aire se hizo denso, el deseo empezaba a enroscarse entre ellos. Ella se movió inquieta y un aguijonazo de dolor la recorrió, se había olvidado por completo de la herida. Soltó un jadeo.

—Sh… amor, no te muevas, relájate —susurró Raúl al tiempo que la abrazaba contra su pecho—. Sera mejor que dejemos esto para otro momento, primero tienes que curarte.

Sofía sentía que en su interior se había encendido una llama, ¡lo deseaba! Aquel pensamiento la dejó aturdida.

Apoyada en aquel duro pecho, sus fosas nasales se inundaron del aroma masculino. Raúl era un hombre muy atractivo, sus oscuros ojos azules rodeados de espesas pestañas oscuras eran de los que llamaban la atención, su rebelde pelo castaño le daba un aire de pillo y sinvergüenza, debía medir alrededor de metro noventa, ella a su lado se sentía pequeña y femenina, los musculosos brazos que la rodeaban eran como bandas de acero, en todo aquel cuerpo no había ni un solo gramo de grasa, era puro músculo.

Tendría que ir con cuidado, no quería enamorarse, su vida ya era bastante complicada.

Después de unos minutos, con ella abrazada contra su pecho, él se permitió saborear la sensación de aquel pequeño cuerpo pegado al suyo, la deseaba, pero había algo más, no era ningún adolescente, había tenido a muchas mujeres en su cama, y a la mañana siguiente no representaban para él más que una noche placentera, con Sofía quería mucho más… quería conocer todos sus secretos, todos sus anhelos, todos sus sueños, y era más… quería convertir todos sus sueños en realidad.

Bajó la mirada hacia ella.

—¿Estás dormida?

—No.

Ella tenía los ojos cerrados.

—¿En qué piensas? —Su voz fue un suave susurro.

Ella sonrió.

—No piensas contestarme ¿verdad?

—Es un poco complicado.

—Otra vez te estas poniendo misteriosa —susurró él con los labios pegados a la frente de Sofía.

Los dos oyeron que llegaba su madre, la oyeron acercarse a la habitación, los saludó con una sonrisa desde la puerta.

—¿Va todo bien?

La imagen que presentaban los dos abrazados sobre la cama, hablaba por sí misma. Sonrió para sus adentros.

—Sí, se está quedando dormida —susurró Raúl sin moverse.

Concha asintió con la cabeza, muy satisfecha de sí misma, les deseo buenas noches y desapareció.

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Antología de relatos románticos de San Valentín 2019

Antología de San Valentín

Ya fata poco para el día de los enamorados «San Valentín». Las autoras de Selecta entre las cuales me incluyo, queremos regalaros este libro de relatos. La podéis encargar gratis en vuestra plataforma preferida a partir de ¡Ya! Y ese día la encontraréis en vuestro lector.

En esta Antología encontraréis un relato sobre unos personajes secundarios de TODO EMPEZÓ CON UN BESO. Espero que os guste.

Y después podéis dejar un comentario en donde la hayáis descargado.

GRACIAS POR LEER!!!

 

 

Portada TODO EMPEZÓ CON UN BESO

AMOR BAJO LAS OLAS (Capítulo 3)

Capítulo 3

 

Durante el fin de semana Sofía estuvo dándole vueltas a si había sido acertado haber aceptado el empleo. El año anterior había tenido muy poco trato con Raúl, y aun que había visto en sus ojos que se alegraba mucho de que ella estuviera allí, tenía sus dudas. ¿Sería igual que su hermano Javier? Solo de pensar en él un escalofrío le recorría el cuerpo entero.

El lunes salió pronto de su casa y se tomó un café con Pepe en la plaza, sabía que lo encontraría allí, el hombre la notó extraña.

—¿Qué te ocurre? ¿No estás entusiasmada con tu nuevo empleo? —Le preguntó con genuino interés.

Sofía no iba a contarle lo que realmente la tenía preocupada, quería mucho a ese hombre y no quería que se inquietase por nada.

—No es nada, no te preocupes Pepe, supongo que son los nervios por hacer bien mi trabajo.

Él sonrió.

—Sabes que eres la mejor, esa gente tiene suerte de haberte empleado.

Ella le dio un abrazo.

—Gracias, era lo que necesitaba escuchar, ahora me voy, no quiero llegar tarde el primer día.

El grupo que ese año bucearía en busca de restos arqueológicos llegó con Juan Viñas, su monitor, este se pasó el día explicándoles a los muchachos lo que debían hacer, no estaban allí para tomar el sol, estaban allí para aprender el trabajo en el barco y para sumergirse en busca de objetos antiguos, aquello no era exactamente unas vacaciones, allí habían ido a aprender.

La mayoría de los muchachos tenían entre dieciséis y los dieciocho años, estaban entusiasmados, y cuando les dijo que los viernes de cada semana los dedicarían a hacer pesca submarina, todos se mostraron encantados, después de todo no sería todo trabajar.

Les enseñó los fusiles submarinos, y todos mostraron gran interés.

—¿Podemos cogerlos? —Era Alberto quien había hecho la pregunta, el más curioso del grupo.

—Si, pero tened con cuidado.

Sofía estaba observándolos, a la par que ojeaba una libreta con apuntes de la expedición del año anterior, Felipe se acercó a ella con una sonrisa.

—¿Qué es eso?

—Son las anotaciones que tomé el año pasado de todo lo que encontramos.

Él miraba con interés los dibujos y las anotaciones de la libreta.

—Detecto un poco de añoranza… —La miró entrecerrando los ojos—. Seguro que preferirías estar con ellos.

—Desde luego que sí, es mi pasión, algún día seré antropóloga.

Felipe abrió los ojos sorprendido.

—¿Antropóloga? No me lo puedo creer… ¿Estas estudiando… —Ella asentía sonriendo ante la cara de incredulidad—. Y… ¿Cómo es que trabajas de… de…

—Jefe estás tartamudeando. —Sofía quería cambiar de conversación—. Además ¿Qué hay de malo en trabajar?

Sofía se giró hacia los chicos.

La mayoría miraba las armas sin tocarlas, pero un par de aquellos jóvenes adolescentes cogieron una, imaginándose lo emocionante que sería. De repente se oyó un grito de Juan… un fusil se había disparado. Sofía empujó a Felipe para sacarlo de la trayectoria del proyectil. Raúl que estaba en la parte alta del barco hablando con el capitán sobre el itinerario que harían por el fondo de la bahía, levantó la mirada de los mapas al oír el grito del monitor. Oyó una exclamación ahogada y un golpe.

Se precipito hacía afuera y vio a Sofía que había sido alcanzada por el proyectil. No se molestó en bajar por la escalerilla, saltó por encima de la barandilla.

Sofía estaba aturdida, el arpón la había traspasado a la altura del hombro y junto a ella el mamparo que tenía detrás.

—Dime algo, háblame —dijo Raúl al ver el color que abandonaba su rostro.

Ella tenía los ojos cerrados, la cabeza apoyada en el mamparo y respiraba trabajosamente.

—Ayúdame. —Su voz era ronca por el dolor que estaba sintiendo.

Felipe gritó a sus compañeros que llamaran a emergencias, mientras trataba de ver la gravedad de la herida, vio que ella contenía el aliento cuando intentó moverse.

—No te muevas, te sacaremos eso enseguida. —Se alarmó al ver la cantidad de sangre que manaba de la herida.

Ella volvió a moverse, de su garganta brotó un gemido de dolor.

—Estate quieta.

—Me cuesta respirar, todo da vueltas. —Las palabras que había pronunciado le hicieron temer que ella se desmayara, si eso ocurría se desgarraría las carnes alrededor de la herida.

—Raúl sujétala.

Su amigo apoyó su gran corpachón contra ella, y una mano en cada lado de su cuerpo para evitar que cayera si perdía el conocimiento.

—Respira lentamente, concéntrate en la respiración. —Le susurró suavemente junto al oído.

Junto a ellos se reunieron todos, menos los adolescentes. El capitán del barco inspeccionó el arpón, junto a él varios miembros de la tripulación.

Raúl estaba perdiendo la paciencia.

—No os quedéis ahí como pasmarotes, hay que sacarla de aquí.

El capitán lo miró muy serio.

—Solo hay una manera. —Con esas palabras Raúl entendió lo que quería decir y un estremecimiento le recorrió la columna vertebral. Bajo la mirada hacia Sofía. Ella tenía la mano derecha fuertemente cogida a la camiseta de él, y bajo los párpados cerrados él podía ver brillar las lágrimas. Se le retorcieron las entrañas, cualquiera en su lugar estaría lanzando alaridos, ella tenía mucho valor.

—Cielo, ¿confías en mí?

—Sí —respondió ella sin pensar.

—Ahora voy a tirar de ti. —Sofía abrió los ojos horrorizada—. Es la única manera…

—Pero…

Raúl vio como le temblaba el labio inferior, no soportaba verla sufrir de aquella forma.

—Cógete a mis brazos.

Sofía hizo una mueca cuando intentó mover el brazo izquierdo.

—No te preocupes, yo te cogeré.

No le dio tiempo a que pensara, la cogió por la cintura y tiró de ella. El proyectil incrustado en el mamparo atravesó su cuerpo, y entonces ella no lo soportó más y perdió el sentido. Raúl la tendió en el suelo y Felipe le puso una toalla en la espalda y otra en el pecho, quedaron empapadas en pocos minutos.

 

 

Sentado allí, en la clínica, al lado de la cama y sosteniendo la mano de Sofía, Raúl se preguntaba que tenía aquella mujer que no se la podía sacar de la cabeza. Viéndola allí, dormida, con sus largas pestañas dibujando medias lunas sobre sus mejillas, sus labios sensuales, su pelo alborotado sobre aquel rostro perfecto, aquellos pechos voluptuosos, sobre una mínima cintura y unas caderas redondeadas y perfectas, sobre unas largas piernas, era perfecta. Era bella, sí, pero no era eso lo que lo atraía. Era su decisión, su obstinación, su… no había creído nunca en lo que todos decían “Belleza interior” pero reconocía que ella la tenía, su forma de actuar, su forma de hablar, de pensar… lo hacía sentirse como un jovenzuelo con su primer enamoramiento. No entendía si eso era malo o bueno, lo único que sabía cierto era que no podía dejar de pensar en ella. El verano anterior ella le había salvado la vida, y durante todo el año él no había vuelto a pensar en ella, pero al verla dos días atrás, se habían despertado dentro de él algo que lo tenía desconcertado, nunca se había sentido así. Era como si la llevara gravada a fuego en su mente… ¿Qué le estaba ocurriendo?

Cuando Sofía despertó estaba desorientada, parpadeó un par de veces y al fin pudo enfocar la vista. Raúl estaba sentado en una silla junto a ella, y le sostenía una mano.

—¿Qué haces aquí? —preguntó en un susurro.

Él la miró y le sonrió.

—Cuando vine anoche estabas muy inquieta y decidí quedarme.

Ella se lo quedó mirando devolviéndole la sonrisa como una boba. Raúl le dio un apretón en la mano.

—¿Cómo te sientes?

Ella notó la preocupación en su voz.

—Bien. —Por su mirada vio que no la creía.

—Dentro de poco te traerán un calmante.

Sofía se lo quedó mirando interrogativamente.

—Ayer hable con el médico… no quiero que sufras.

La mirada de ella no se apartó de los oscuros ojos de él.

—Ayer conocí a tu madre. —Le dijo tratando de distraerla.

—¿Estaba aquí? —quiso saber ella preguntándose con quien habría dejado al niño.

—Sí, se asustó mucho cuando la llamaron desde la clínica.

—Oh, Dios…

—No te preocupes, se quedó más tranquila cuando le dije que yo me quedaría contigo.

—Ah… —Trató de moverse, para encontrar una postura más cómoda, pero soltó un jadeo de dolor.

—No te muevas. —Raúl le apretó la mano. Después de unos segundos le dijo—: Ayer nos diste un buen susto.

—No era esa mi intención, el primer día de trabajo y…

—No pienses en el trabajo, solo piensa en recuperarte. —La ternura que empleó con esas palabras la dejaron perpleja.

La enfermera los sorprendió con las manos entrelazadas.

—Ya era hora de que despertaras. —La saludó con una sonrisa. Cuando terminó de comprobar la temperatura y la tensión, le tendió un pequeño vaso con una píldora en su interior—. Tómate esto.

—¿Es un calmante? —preguntó Raúl—. Es muy cabezota y no lo pedirá hasta que no pueda soportarlo.

—No, no es un calmante, es para retirarle la leche, con los medicamentos que le estamos dando no podrá alimentar a su hijo. —Raúl abrió mucho los ojos, la enfermera creía que él era el padre y que ya se lo habían explicado—. ¿No se lo dijo ayer el doctor?

Sofía trató de liberar de mano que él le tenía sujeta, pero él se lo impidió.

—Sí, disculpe, no estoy muy lúcido esta mañana.

La chica los dejó solos, Raúl miró a Sofía a los ojos, inclino un poco la cabeza.

—¿Tienes un hijo?

—Si.

—Y… ¿Tienes pareja?

—No.

Raúl frunció el ceño, sus oscuros ojos azules la miraban entrecerrados. Tratando de comprender, como una chica tan joven, tenía un hijo. Pensó que tal vez un noviete que al verse atrapado por la paternidad no deseada la había abandonado.

Ella se removió inquieta bajo la atenta mirada sin acordarse de su herida, y contuvo el aliento cuando el dolor la atravesó.

—El niño debe tener un padre.

—No fue una inseminación artificial, si es eso lo que quieres saber.

—Ja, ja. —Él quería conocer la historia, se moría por saber los detalles. ¿Habría sufrido ella por el abandono del padre de su hijo? ¿Lo había amado? — No vas a contarme que pasó, ¿verdad?

—No.

ANTOLOGÍA DE RELATOS ROMÁNTICOS

Portada Antologia Selecta 2018

 

Tod@s las autor@s de SELECTA nos hemos unido para regalaros esta Antología de relatos románticos como regalo de Navidad. En ella encontraréis historias de personajes secundarios de nuestras novelas en esta época tan mágica como la Navidad.

Es totalmente gratuita, si, si, gratuita, puedes descargarla en todas las plataformas digitales.

Y ya de paso aprovecho para desearos FELICES FIESTAS a todos. Que el año que viene llegue cargadito de paz, amor y sueños cumplidos.

 

 

MI DIOSA PELIRROJA

 

portada_Mi diosa peliroja

Lo que dicen las lectoras de esta novela:

23 de noviembre de 2018

Mar y Felipe viven una historia tranquila, sin complicaciones, quitando un molesto flequillo del pasado de nuestro médico, y sin embargo desde el principio la autora nos sumerge con maestría en la trama y nos atrapa en la dulzura de la joven que vive por y para “sus niños”. Con un corazón de oro y que no se detiene ante nada si el fin es ayudar a los más desfavorecidos, es imposible no encandilarse con la pelirroja de los pelos de punta y una pronta sonrisa para todo el mundo.
Y él… Felipe es el hombre que todas quisiéramos: atento, cariñoso, valiente, con la cabeza fría y el corazón… enorme. Y no tiene reparos en admitir que lo tiene lleno de su diosa pelirroja.
Me ha encantado la novela porque aún después del fin no he conseguido quitarme la sensación de calidez y bienestar que he venido sintiendo desde que la empezara. Y eso no es fácil de conseguir.
Raquel Mingo
Núria Pazos (Las historias de Miss Smile)
TOP 1000 COMENTARISTAS

4 de noviembre de 2018

PERSEGUIDA POR SU PASADO

Portada PERSEGUIDA POR SU PASADO

Natalia Ribera y Cloe Galena, dos amigas inseparables, decidieron unir esfuerzos tras terminar la carrera de diseño para darle vida al negocio con el que ambas soñaban. Todo les iba de maravilla hasta que Cloe se enamora del antiguo novio de Natalia.

Las repentinas ausencias y mentiras por parte de Cloe le hicieron notar a Natalia que algo no andaba bien con su amiga e intenta hacerla entrar en razón respecto de la verdadera personalidad de Carlos Polo.Sin embargo, él ya se ha encargado de contarle la historia tal como le conviene a sí mismo.

Sabiendo del maltrato que su amiga está sufriendo, Natalia busca ayuda en el departamento de policía, pero sin una denuncia previa de Cloe, poco es lo que logran hacer los agentes Campos y Moreno.

Aunque frustrada, Natalia no baja los brazos y sigue luchando. Una luz parece brillar en su camino cuando Cloe decide volver, feliz también por la noticia que tiene para darle.

Ilusionada, Natalia está ansiosa por reencontrarse con Cloe, sin embargo, ésta nunca llega. Cloe pierde la vida en circunstancias extrañas y Natalia está convencida que Carlos Polo es el responsable de ello.

Los detectives Campos y Moreno toman el caso, pero Natalia es reacia a confiar en ellos siendo que nada pudieron lograr para salvar a su amiga de ese desastroso final. Sin embargo, deberá hacerlo ya que su vida corre peligro. Su pasado con Carlos Polo no deja de perseguirla y Moreno no dudará en darle protección a esa enérgica mujer que ha logrado tocar su corazón de la forma en que nadie lo había hecho jamás.

Natalia no es indiferente a lo que Moreno le hace sentir, pero teme enamorarse y sufrir como lo hizo con Carlos.

¿Podrá Moreno demostrarle que no todos los hombres son iguales? ¿Logrará que ella confíe en él?